ARTICULOS
El fracaso escolar
El fracaso escolar aparece juntamente con la creación
de la Escuela. La democratización de la enseñanza
implica que todos los niños sean iguales o lleguen a serlo.
Sin embargo, esta concepción ignora la diferencia de los
niños cuando ingresan en la escuela primaria. Ante todo existe
una diferencia de nivel cultural familiar. No es lo mismo un niño
que tuvo cierta estimulación intelectual, intercambios verbales
en un ambiente propicio a aquel que no pudo disponer de estos medios.
Seguramente la capacidad para abordar los primeros aprendizajes
será diferente.
El fracaso implica un juicio de valor, y este valor es en función
de un ideal. Triunfar en la escuela implica triunfar en la vida,
llegar a tener una familia, un buen trabajo y poder acceder a los
bienes de consumo. Muchas veces cuando se habla de fracaso escolar
se piensa que el niño no llegará a hacer nada en la
vida.
El deseo de saber no es innato, ni genético sino que implica
un producción por parte del sujeto. Va unido a la curiosidad
sexual. Los niños son grandes investigadores y dedican buena
parte de su actividad a la investigación sexual. Exploran
su cuerpo, fuente de sensaciones nuevas e inquietantes. A su vez,
la llegada de algún hermanito despierta el interés
por averiguar “de donde vienen los niños” y,
seguramente, el haber “espiado” a sus padres les genera
el interrogante de qué es estar casado. Esta curiosidad,
estas ganas de saber, les abrirá las puertas para cumplir
con las obligaciones escolares. Es en los casos en que este recorrido
es interrumpido donde nos tenemos que preguntar por lo ocurrido
en el desarrollo.
Encontramos que el fracaso escolar se debe a una inhibición
intelectual, a un bloqueo para realizar operaciones intelectuales.
Se produce una detención del pensamiento, detención
del desarrollo de las asociaciones y apabullamiento de los mecanismos
cognitivos. Esta inhibición a todos nos ha sucedido alguna
vez: es esa incapacidad para poder responder a una pregunta, es
la mente en blanco en un examen o la incomprensión total
ante ciertos enunciados.
La inhibición surge de un conflicto psíquico, es un
modo de represión. Se presenta como un “no quiero
saber nada”, nada de ese saber oculto que es el saber
inconciente. En el fracaso escolar la inhibición intelectual
se extiende a ese saber particular que implica el conocimiento,
es no quiero conocer nada, no quiero aprender nada. En el caso de
los adolescentes ese “no querer saber” también
se extiende hacia la proyección de su futuro, los cambios
de su cuerpo, las nuevas formas de relacionarse con sus pares y
la caída de los padres de la infancia.
Está inhibición intelectual va unida a la falta de
deseo. Por un lado, observamos a muchos padres que en el intento
de ahorrarle sacrificios y esfuerzos al niño se lo dan todo
hecho privándoles del esfuerzo de demandar y de desear, piensan
y hacen por ellos. Por otro lado, hay familias en las que el saber
no tiene lugar; los padres nunca leyeron un libro pero le exigen
al niño que lo haga, los padres no terminaron el colegio
y piden al niño que los resarza de aquello que ellos hubiesen
querido hacer, los padres ordenan que el niño desee aprender
y ellos no desean nada, viven en la pura necesidad. Y precisamente
por tratarse de un deseo, no se puede ordenar. El deseo de saber
no es genético, se produce.
El fracaso escolar se nos presenta como una trama compleja donde
no hay un único factor desencadenante sino que influyen diversas
variables de índole social, cultural, educativa, familiar
y personal. El fracaso escolar es un indicador como la fiebre y,
al igual que ésta, puede tener causas múltiples y
de naturaleza muy diferente
Un profesor le dice a un alumno:
- Apuesto que hoy también te ha hecho los deberes tu padre.
- No, Profesor; esta vez me he equivocado yo solo.
Silvina
Fernández
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