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La familia
“… Es tan imprescindible para todo ser humano ser
atendido en
todas sus necesidades a causa de su impotencia vital cuando nace,
como abandonar a tiempo las certidumbres y seguridades de la vida
familiar, porque el mundo no está en la familia”.
Emilio González
El ser humano, a diferencia de los animales, nace prematuro, está
inmerso en una impotencia motriz y en una imposibilidad de coordinar
sus propios movimientos. Es por ello, que un bebé necesita
de los cuidados de otro, que lo asista y que lo quiera para que
pueda sobrevivir a su indefensión inicial. El niño
por sí solo no puede acceder a nada, si tiene hambre tiene
que gritar, si le duele la barriga tiene que llorar para que la
madre se de cuenta que le pasa algo. Este hecho genera una enorme
dependencia del niño con la madre. Es decir, que la madre
es la que salva al niño de la muerte.
La madre o quien ejerza esa función: sea la tía,
la abuela, el padre o el tío, es la que le salva la vida.
Es decir, que tanto la función madre como
la función padre no se reducen a dos personas
que han engendrado un niño, sino que son funciones que pueden
ser ejercidas por otras personas o instituciones. La primera
se encarga de proteger y cuidar al niño. La segunda
se encarga de separar a la madre del niño, tiene una función
de corte de la relación simbiótica entre
el niño y la madre – relación fundamental en
los primeros años de vida – esta separación
es la que permite el ingreso del niño a lo social.
Decimos que la función madre y la función padre son
lugares simbólicos que requieren de alguien que la encarne,
así ocupará una posición dentro de la estructura
familiar. Es habitual escuchar en la consulta a madres que se quejan
de que sus maridos, el padre del hijo en común, no ocupan
su lugar. Es decir, que el padre está presente pero sin ejercer,
ya sea porque la madre no lo hace ingresar en la trama familiar
o porque él se conforma con ser el hijo mayor de esa mujer.
Muchas veces se trata de madres que tiene dos hijos: uno que ha
concebido junto a su pareja, y otro que es “adoptivo”.
El niño ingresa a un entramado de relaciones familiares.
Los padres además de cuidarlo le van transmitiendo su ideología
con respecto al modo de amar, de trabajar, de desear. De esta manera,
él va construyendo su propia novela familiar, se las arregla
como puede con las palabras que le ha tocado habitar, sin saber
las consecuencias, giros y articulaciones de las frases que le fueron
transmitidas. Todo ello forma parte de su pensamiento sin que él
sea consciente de ello. La ideología familiar la llevamos
en el cuerpo, nos fue trasmitida con las proteínas de
la leche.
La familia tiene la función de acoger al niño en
los primeros años de vida, de educarlo y de cuidarlo pero
también tiene que dejar que el niño crezca y acceda
al mundo. La separación es lo que posibilita la entrada del
ser humano en el mundo. Si creo que el universo familiar es lo único
que existe, nada de lo que habita en él es deseable porque
“en el mundo está la familia, pero en
la familia no está el mundo”.
Anabel
López
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